La mujer más letal de la II Guerra Mundial: Lyudmila Mikhailovna Pavlichenko

Muchos creen que el conflicto más sanguinario y devastador que ha conocido la humanidad hasta la fecha es cosa de posturas encontradas entre individuos de diversa catadura moral, mentalidades antagónicas de estadistas que deseaban a toda costa ser recordados por la historia, idiosincrasías variopintas que marcaban el sentir de pueblos que no tenían nada que ver pero, sobre todo, cosa de hombres. Al repasar la contienda, cualquiera pensaría que desde el diseño y planificación de las operaciones por parte de los altos mandos hasta la cruenta lucha en el campo de batalla, todos los sucesos fueron llevados a cabo por el género masculino y que las mujeres, al igual que los niños, no fueron más que las mayores victimas civiles de la barbarie. En la mayoría de casos fue así, pero como todo en la vida, existieron una serie de excepciones que por su relevancia suscitan un innegable interés. Hoy os presento un caso así.

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Mayor Lyudmila Mikhailovna Pavlichenko, francotiradora, 25ª División de Infantería del Ejército Rojo. Heroína de la Unión Soviética, 309 bajas confirmadas, incluyendo 36 francotiradores enemigos.

Lyudmila nació en un pueblecito ucranio llamado Bila Tserkva, un 12 de julio de 1916. Cuando  tenía 14 años, su familia se mudó a Kiev. Allí, aún adolescente, se apuntó a un club de tiro local, sin éxitos notables; pero siempre mantuvo la afición. Cuando empezó la II Guerra Mundial en el Frente Oriental, Lyudmila tenía 24 años, estudiaba 4º de Historia en la Universidad y trabajaba en la Fábrica del Arsenal de Kiev. Al tener noticias de la invasión alemana, se presentó voluntaria al cuerpo de infantería del Ejército Soviético, siendo de los primeros en hacer tal cosa.

Su deseo se cumplió, y constatando que sabía manejar un rifle con habilidad, sus mandos la enviaron de inmediato como tiradora a la 25º División de Infantería; una de las más de 2.000 con que contó el Ejército Soviético, de las cuales sólo 500 sobrevivirían a la guerra.

Muy poco después lograría sus dos primeras bajas alemanas, cerca de una localidad llamada Belyayevka. En ese momento, aún no era evidente que la cabo Pavlichenko se convertiría en la francotiradora más letal de todos los tiempos. Lyudmila y su fusil Moisin-Nagant del 7,62×54, provisto de una primitiva mira de cuatro aumentos, retrocedieron junto con el resto del Ejército Rojo hasta Odessa. Allí, a lo largo de dos meses y medio de combates brutales, logró abatir ni más ni menos que a 187 combatientes enemigos. Ya ascendida a teniente y provista de un Tokarev SVT-40, la enviaron entonces a Sebastopol, donde aparece mencionada en mayo de 1942 por haber derribado a 257 soldados y oficiales alemanes.

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En el mes de junio, Lyudmila resultó herida por fuego de mortero. Pese a ello volvió al frente poco después, combatiendo durante un mes más, hasta alcanzar la cifra de 309 bajas enemigas, de ellas 36 francotiradores. En ese momento la ascendieron a mayor y la retiraron del frente para que desempeñara la labor de instructora de tiro a partir de 1943. Fue también en esas fechas cuando le concedieron la máxima condecoración: Heroína de la Unión Soviética.

Envuelta en un aura de leyenda, hacia el final de la guerra en Europa hizo una gira por Norteamérica en loor de multitudes. Fue recibida en la Casa Blanca por el Presidente Franklin D. Roosevelt, convirtiéndose así en la primera ciudadana soviética recibida por un presidente norteamericano. Allí le regalaron una pistola Colt especialmente mecanizada para ella y, en Canadá, un rifle Winchester que ahora está expuesto en el Museo Central de las Fuerzas Armadas, en Moscú.

Después de la guerra, Lyudmila terminó su carrera y ejerció de historiadora para la Marina Soviética. Años más tarde, formó parte del Comité Soviético de Veteranos de Guerra.

Lyudmila murió en Moscú el 10 de octubre de 1974, a los 58 años de edad, de un ataque al corazón. Está enterrada en el Cementerio de los Héroes de Novodevichy. Con sus 309 bajas confirmadas, se la considera la mejor y más letal francotiradora de todos los tiempos y una táctica excepcional.

Fuentes: varias.

Como observáis, el papel de la mujer  en las campañas bélicas se remonta hasta mucho antes de los actuales ejercitos profesionales, no sé si alguno se sentirá más o menos seguro con ellas al frente, pero viendo casos como este, lo que está claro es que para poner una bala entre ceja y ceja lo importante es la habilidad y no el sexo ni ninguna otra distinción social.

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