Datos curiosos que no sirven para nada

Como es domingo, nada mejor que relajar las neuronas con una serie de datos curiosos que no van a cambiar sustancialmente nuestra vida pero que seguro  nos hacen esbozar una sonrisa.

asombrado

-La orina del gato brilla bajo la luz negra (ultravioleta).

-La posición de los ojos de un burro le permite verse las cuatro patas al mismo tiempo.

-El estómago tiene que producir una nueva capa de mucosa cada dos semanas, de otra manera se digeriría a sí mismo.

-Así como los perros orinan para marcar su territorio, los gallos cantan en las mañanas para delimitar el suyo. Lo hacen en las mañanas porque a esa hora las aves están mas activas.

– Se puede tener una erección ya muerto. Una erección post mortem  ocurre cuando el individuo fallece verticalmente o panza abajo, y el cadáver permanece en esa posición. En vida el corazón bombea la sangre, lo que hace que se distribuya uniformemente entre todos los vasos sanguíneos del cuerpo humano. Una vez que el mecanismo deja de funcionar sólo la fuerza de gravedad actúa sobre la sangre. Al igual que con cualquier otra masa inerte, la sangre se reacomoda en el punto más bajo del cuerpo, causando edemas e hinchazones allá donde se acumula.

– Reir demasiado podría martate. La hilaridad fatal es la muerte producida como resultado de la risa. En el siglo tercero antes de Cristo el filósofo griego Crisipo de Soles moría a causa del ataque de risa provocado tras ver a un burro comiendo higos.

-Al nacer tenemos 300 huesos, pero de adulto solo tenemos 206.

-A partir del siglo VIII d.C. y durante casi 5 siglos, los moros gobernaron grandes territorios de la Europa meridional incluyendo España, en donde los españoles de tez clara y moros de tez oscura se mezclaron dando origen a españoles de tez morena. No obstante, ciertos aristócratas españoles no se asociaron con los moros sino que se les permitió vivir sin ser molestados en las montañas de Castilla donde evitaron exponerse al sol para conservar su tez blanca y mantenerse a parte de los invasores extranjeros. Como consecuencia su piel se torno muy pálida en donde las venas se traslucían de un color azul intenso. Por eso se les llamaba a los castellanos de clase alta como los de sangre azul. Cuando los ingleses se enteraron de ello, decidieron aplicar el mismo termino a su propia aristocracia.

-Los búhos son las únicas aves que pueden ver el color azul.

-La mayoría de las partículas de polvo en las casas están hechas de piel muerta.

-Las manzanas son mas eficientes que la cafeína para mantener a la gente despierta en las mañanas.

-Hay 1,929,770,160,028,800 diferentes combinaciones de color posibles en un cubo de Rubik.

-Una pulga puede saltar una distancia equivalente a 30 veces la longitud de su cuerpo. Para un humano, supondría la longitud de un campo de fútbol.

-El orgasmo de un cerdo dura 30 minutos.

-Las ratas se multiplican tan rápidamente que en 18 meses, dos ratas pueden llegar a tener 1 millón de hijos.

– Los romanos distinguían 3 tipos de besos: El osculum, que se da en la mejilla entre amigos; el basium, en los labios; y el suavem, que se dan los amantes.

– El cielo es azul y el sol amarillo porque la luz del sol, que es blanca, al llegar a la atmósfera se dispersa, siendo la luz azul dispersada con mayor facilidad por las moléculas del aire. El sol es amarillo ya que este es el color resultante de quitarle a la luz blanca el componente azul.

– Los astronautas no pueden eruptar porque la ingravidez impide la separación de liquido y gas en sus estómagos.

– El Ejército de los EE UU estudió fabricar una bomba para provocar la homosexualidad en el enemigo y con ello «minar la moral y la disciplina» de las tropas. La idea era lanzar agentes químicos capaces de alterar las hormonas y hacer que los soldados se sintieran «irresistiblemente atraídos entre sí». Parece una broma, pero el proyecto fue presentado con toda seriedad al Pentágono en 1994, con un presupuesto previsto de 7,4 millones de dólares para el desarrollo y producción masiva durante seis años de esta arma y otras no menos descabelladas (como la posibilidad de rociar a los enemigos con una sustancia que provocara halitosis «grave y continuada» o mal olor, para hacerlos «fácilmente identificables»).


El génesis de la Ley de Murphy

En un momento dado, todos hemos hecho referencia a ella cuando la pifiamos de alguna forma para “excusarnos” por nuestras desdichas y errores en lugar de asumir que tal vez, sólo tal vez, el motivo real de ellos es nuestra incompetencia. Al final resulta un efecto balsámico que nos ayuda a desahogar nuestras rabietas. ¿Qué justo el día que has quedado con la chica que te gusta te sale un grano horribe después de años sin tener ninguno? la Ley de Murphy ¿que un profesor lleva 5 años repitiendo el mismo examen en Junio y Septiembre y precisamente en la convocatoria  que te presentas tú lo cambia? Murphy estaba gracioso en esta ocasión y le ha dado por ser un poquito cabroncete.

La ley de Murphy es sencilla y ciertamente pesimista: “Todo lo que pueda ir mal, irá mal“. La ley, sin duda, en la que se basan muchas series de la tele para mantener enganchado al espectador.

Pero ¿quién la formuló por primera vez?

proverbio

Pocos saben que la ley de Murphy surgió en la aviación norteamericana, en 1949, en la época en la que el capitán Edward A. Murphy Jr. trabajaba como ingeniero de desarrollo en el laboratorio de la US Air Force en Wight Field.

Murphy había inventado un equipo provisto de 16 sensores destinado a medir y registrar la aceleración que podía soportar el cuerpo humano. Las pruebas se efectuaron en un cohete-trineo pilotado por el comandante John Paul Stapp, que ya estaba acostumbrado a este tipo de ensayos: había pilotado un equipo de similares características hasta los 960 kilómetros por hora.

La prueba de Murphy, como imagináis, fallo. Le echaron la culpa del fallo a Murphy, pero éste, tras revisar el mecanismo, descubrió que el error había sido de los instaladores, que habían montado mal una pieza clave.

En ese momento formuló una proto-ley de Murphy que decía: “Si hay algún modo de que un técnico haga las cosas mal, las hará mal“.

Pero George E. Nichols, gerente de proyectos de la fábrica de aviones Norhrop, oyó la frase, le gustó, y poco a poco fue divulgando y ensalzando esa máxima que con el tiempo fue derivando en la ley que hoy conocemos, que fue finalmente cristalizada por un famoso escritor de ciencia ficción.

Así pues, la frase con la que se suele citar esta ley (”Lo que pueda salir mal, irá mal“), nunca fue pronunciada por Edward Murphy. La que hoy se ha popularizado es es realidad una síntesis, una interpretación de las palabras de Murphy realizada por el autor de ciencia ficción Larry Niven, que en una serie  de novelas acerca de mineros de asteroides que tenían una religión y cultura que incluía el miedo y la adoración del dios Finagle y su “profeta demente” Murphy, la incluyó. Así que la ley de Murphy es en realidad de ley de Finagle de los Negativos Dinámicos.

Para los que se pregunten si la ley de Murphy tiene alguna base científica: no, no la tiene. Las cosas no tienden a salir mal. Pero el cerebro sí que suele recordar con mayor facilidad los hechos negativos que los positivos (porque en realidad los negativos son menos, llaman más la atención y recordarlos es bueno para no volver a caer en los mismos errores).

Pero, igualmente, qué bien sienta echarle la culpa de todas nuestras desgracias al profeta demente Murphy.